Cuando muere un niño
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La pérdida de un hijo, sin importar la edad que tenga, es posiblemente el duelo más difícil que se puede sufrir. Las reacciones de duelo normales de choque, negación, enojo, culpa y tristeza parecen magnificarse y prolongarse cuando fallece un niño.

Todas las personas que conocieron al niño, incluidos los padres, vivirán de forma distinta el duelo por el fallecimiento del niño. A algunos padres les será muy fácil expresar sus sentimientos, pero para otros será mucho más difícil, y se guardarán sus sentimientos.

Es importante recordar que no hay una forma "correcta" de vivir el duelo y que los hombres, las mujeres y los niños lo experimentan de forma distinta.

El duelo no llega por "etapas". Aunque el choque y estupor eventualmente desaparecerán, el enojo, la culpa y la tristeza seguirán llegando por oleadas meses después de la muerte. Téngase paciencia, no hay un plazo para el duelo, y por lo general el duelo dura mucho más tiempo de lo que se espera en nuestra cultura.

Los padres pueden estar sobrecogidos de culpa después de la pérdida de un niño. Sin importar si la muerte de su hijo fue resultado de una enfermedad, accidente, homicidio o suicidio, es muy común que un padre exprese que de alguna forma es responsable de la muerte. Es normal experimentar sentimientos de fracaso y pensamientos de "si tan solo hubiera . . ."

Aceptar que estos pensamientos y sentimientos son irracionales no significa que se esté "volviendo loco". Son parte del proceso normal de duelo. Es útil encontrar a alguien que simplemente lo escuche expresar sus sentimientos de culpa, sin que intente convencerlo de que no debe pensar así. Con el tiempo, si los expresa, estos sentimientos se resolverán por sí solos.

El enojo también es una parte natural del proceso de duelo. Debido a que la muerte de un niño es inherentemente "injusta", el enojo es una respuesta normal. Al igual que el duelo, el enojo es una emoción que a la gente no le gusta expresar, por lo que es común contenerla, aumentando el peligro de que en algún momento "explote".

Además, los padres dolientes pueden tratar de ahogar su enojo con drogas o alcohol. Independientemente del riesgo de volverse adicto, las drogas y el alcohol retardan el proceso de duelo y también pueden causarle una mayor depresión.

Debido a que nuestra cultura se siente incomoda con el duelo y particularmente con los padres dolientes, es posible que se sienta incómodo si la gente ve su tristeza. Permítase llorar, incluso en momentos y lugares inesperados.

Hay muchas decisiones que se deben tomar después de una muerte y todas implican un desgaste emocional. Intente postergar todas las decisiones importantes hasta que se sienta más capaz de manejarlas. Por ejemplo, no permita que nadie lo apresure a tomar decisiones acerca de lo que quiere hacer con las pertenencias de su hijo.

Algunos padres quieren dejar el cuarto de su hijo exactamente como estaba; otros tal vez quieran guardar todo en cajas. Ambas reacciones están bien. Si es demasiado doloroso ver sus pertenencias, pídale a un amiqo que venga a guardarlas en cajas. Después puede quedarse con ellas hasta que se sienta capaz de revisarlas y decidir qué le gustaría conservar.

Debido a que la pérdida de un hijo es uno de los duelos más difíciles de sobrellevar, es posible que se dé cuenta de que es incapaz de retomar sus actividades normales, e incluso que cuestione su fe o cordura.

Todas estas reacciones son normales. Recuerde tener paciencia, darse tiempo y buscar a alguien que lo escuche con amor incondicional y que lo apoye cuando necesite hablar.